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Opinion
Publicado el 01-04-2007

No todo es miel sobre hojuelas

Por Arturo Cardona Mattei

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Todos soñamos, pero no todos los sueños se hacen realidad. La fantasía es buena para vacacionar, pero no para quedarse agarrada de ella. La dura realidad de la vida siempre nos recuerda que hay que despertar. No podemos vivir metidos en la burbuja de los cuentos de hadas. Esto es cierto a nivel individual. Pero, ¿qué tal cuando los sueños y fantasías se dan a nivel colectivo? La cosa se complica, pues son muchos los intereses y contradiciones que salen al paso. Cuando ese sueño es uno ideológico/político, entonces los sinsabores y traumas pueden ocasionar estragos a niveles impredecibles. Puerto Rico es un ejemplo vivo. Y en nuestro caso el problema es centenario. Tiempo suficiente para adquirir rasgos de locura.



Puerto Rico es un laboratorio en contínuo movimiento, trabajando desesperadamente. Desgraciadamente, los muchos estudios y experimentos que se llevan a cabo nos indican que nuestra sociedad es una enfermiza. Los problemas nos abruman. Las soluciones se nos salen de los tubos de ensayo. Tratamos mil maneras buscando soluciones, pero las mismas no nos llegan, o llegan tardías. Y cuando llegan no nos duran mucho ni tampoco nos resuelvan grandes cosas. La imperiosa fuerza que nos impulsa a la supervivencia hace que sigamos tratando nuevas ideas, nuevos rumbos. Volvemos al laboratorio y ponemos los tubos de ensayo en diferentes ángulos y hacemos nuevas anotaciones esperando lograr resultados distintos que nos pongan en una mejor posicion. La lucha sigue.



Por cada gota de felicidad que nos llega, una piscina de males nos moja de pie a cabeza. Por cada noticia buena, la prensa nos trae páginas de amarguras. Por cada paso que damos hacia adelante, muchas más piedras nos salen en el camino. Nuestras divisiones políticas, económicas y religiosas son heridas profundas que no sanan con el tiempo. Todo lo contrario, se hacen más visibles, más fieras. Todo logro nos cuesta mucho sudor, mucho empeño. Es terrible ver cómo toda una ciudadanía, día por día, grita y se queja de los múltiples problemas que tiene, y que al parecer nadie tiene la solución de los mismos. El costo físico, emocional y económico nos saca de carrera. Se necesita la humildad de Moisés, la paciencia de Job y la sabiduría de Salomón para poder meterle el pecho a tanta adversidad. La corriente nos arrastra.



Nuestros líderes no aglutinan, no producen consenso verdadero ni duradero. ...
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