Nicolas Sarkozy, presidente de Francia.
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Nicolas Sarkozy, presidente de Francia.
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"De ninguna manera cambiaremos ese punto", sostuvo Sarkozy en una declaración efectuada ante el consejo semanal de ministros difundida poco después por el Elíseo, sede de la presidencia.
El mandatario galo reiteró que la reforma del sistema de jubilaciones que el martes fue presentada en el Parlamento es "una de las más importantes" pues en "momentos en que una jubilación de cada diez es financiada por la deuda, debemos garantizar a los franceses que sus jubilaciones y las de sus hijos, se pagarán".
La reforma, rechazada el martes en las calles de las principales ciudades del país por más de un millón de personas según la policía y hasta tres millones según los sindicatos, elevará la edad mínima a partir de 2018 y aumentará de 65 a 67 años la edad para cobrar una jubilación completa.
Sarkozy sostuvo que por tratarse de una "reforma esencial" es "normal que genere inquietudes y movilizaciones importantes, como ha ocurrido ayer".
Pero advirtió que "no dejará que nadie desnaturalice la reforma pues sería poner en peligro el retorno al equilibrio" del sistema de jubilación.
El gobierno justifica la reforma en que le permitirá salvar un sistema amenazado por el aumento de la esperanza de vida y las consecuencias de la crisis económica de 2008.
Según un organismo independiente, esa crisis triplicó el déficit del sistema de jubilaciones en 2010 a 32.000 millones de euros (39.000 millones de dólares). Si no se hace nada en la materia, el déficit alcanzará los 70.000 millones de euros en 2030.
Con más de 15 millones de jubilados, Francia es uno de los países europeos donde la edad mínima para tener derecho a jubilarse es más baja, aunque eso sí, habiendo trabajado 40 años. La reforma que el gobierno quiere ver adoptada en el Parlamento a fines de octubre prevé
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